• Hoy 28 de abril ha sido aprobado en el Parlamento Europeo el nuevo programa de investigación Horizonte Europa, un programa clave para preparar a Europa para el futuro y avanzar en la investigación y la innovación empresarial en retos tan importantes como el cambio climático, la descarbonización de la industria, la digitalización o el fortalecimiento de nuestros sistemas sanitarios.

El Reglamento se ha aprobado con una amplia mayoría (661 votos a favor, 5 en contra y 33 abstenciones), tras una larga batalla de más de 2 años, en la que el parlamento tuvo un papel clave para conseguir un presupuesto ambicioso y equilibrado: 95.500 millones de euros, un 30% más, con los que apuntalar sólidamente la investigación básica y la investigación temática. Además, por primera vez contaremos con un presupuesto reservado para los sectores de la cultura y las industrias creativas europeas.

Un programa especialmente relevante para España, por el impacto creciente en nuestras empresas y grupos de investigación españoles. En el programa precedente Horizonte 2020, España fue el cuarto país que más financiación ha conseguido (por detrás de Alemania, Reino Unido y Francia) y el segundo por número total de participaciones en actividades financiadas (sólo por detrás de Alemania). En subvenciones recibidas, esto significa 5.625,8 M€ y un retorno del 10,4%, unos datos que sin duda confirman el talento y la calidad de investigación que se realiza en nuestro país. Podemos estar muy orgullosos.

Resumiendo mucho las novedades, el programa Horizonte Europa se estructura en torno a tres pilares:

  • El primer pilar es apoyar la excelencia científica. A través del Consejo Europeo de Investigación, conocido ya como nuestra “fábrica de premios Nobel”, se financian los mejores proyectos presentados por los propios investigadores, que pueden escoger su equipo. Y con los programas Marie Skłodowska-Curie, se apoyará el intercambio y su movilidad para hacer más atractivas las carreras investigadoras.
  • El segundo pilar es el de la competitividad industrial y los desafíos mundiales. La gran asignatura pendiente europea es hacer que la investigación llegue a la empresa. La novedad aquí es las “misiones”: grandes áreas prioritarias que tienen un gran impacto en la sociedad como el cambio climático, el cáncer, los océanos, las ciudades inteligentes y la alimentación. Una idea de la economista Mariana Mazzucato para abordar la investigación y la innovación con objetivos ambiciosos y medibles. El objetivo es crear carteras reales de proyectos para que el impacto final sea mayor que la suma de los proyectos individuales. Y se financian también los llamados “partenaríados”: asociaciones transfronterizas integradas por al menos tres entidades de tres países distintos

 

  • Lo más novedoso es el tercer pilar, totalmente dedicado a poner a Europa a la vanguardia de la innovación. Se refuerza el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología, – cuyo reglamento he estado negociando- para tender puentes entre la empresa, la investigación, la universidad y el mundo emprendedor. Y apostando por las startups y pymes altamente innovadoras haciendo del Consejo Europeo de Innovación, la “fábrica europea de unicornios”. Para acelerar la llegada de las startups al mercado, por primera vez se ofrece la posibilidad de utilizar financiación mixta combinando subvenciones e inversiones en el capital de las empresas – la UE podrá inyectar hasta 15 millones de euros adquiriendo acciones de estas empresas y atraer así capital privado-.

Se han sentado las bases para conseguir una Europa líder en innovación. Ahora tenemos que saber usar la oportunidad que supone Horizonte Europa y los planes de recuperación para atajar los retos que aún nos quedan pendientes. Para volver a atraer el talento que se ha ido y abordar la precariedad de los investigadores. Para mejorar las infraestructuras tecnológicas. Para asegurarnos de que la innovación llegue al mercado y el acceso a la financiación. Y por supuesto, para atajar la brecha en I+D dentro de la Unión, el desequilibrio entre los estados miembros. El objetivo de la UE – llegar a un 3% de gasto en I+D sobre el PIB– es ahora una quimera para muchos países. Sin ir más lejos España está ahora en un desolador 1,25%.

Los fondos europeos han de servir para revertir esta situación, porque tenemos talento y tenemos la capacidad para que Europa lidere en innovación.